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Monte de Sancha · Málaga

Hotel Casa del Monte

Memorias de la Málaga del siglo XX

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La historia

Hotel Monte de Sancha

Por Rafael de la Fuente

Estaban en el embarcadero de Captiva Island. Enfrente de un mar esmeralda, Dewy, Charlotte y Enêri, a través del Skype mágico, me preguntaban por los hoteles de la Málaga de hace más de medio siglo. Les prometí que un día regresaría a ese mundo portentoso, en ese lejano reino junto al mar, La Caleta malagueña, donde estuvo el Hotel Casa del Monte. Hoy cumplo esa promesa.

Gracias a otro maestro, el ilustre doctor García Verdugo, conocí a la nuera de doña María Eugenia. La brillantísima traductora e investigadora Olga Mendoza. También descubrí que el marido de doña Olga, Jorge Benthem, el hijo de aquella dama que tanto amó a Málaga, doña María Eugenia, era George, mi amigo de los primeros tiempos de Torremolinos, en los años lejanos del ‘Big Bang’ de la Costa del Sol española.

Me contaban que un día, el que fuera cónsul de Francia en Málaga, Monsieur Simon Arbelot, concedió, en nombre de la Academia Francesa de la Gastronomía el prestigioso ‘Coq d’Or’ a aquel hotel maravilloso. La Casa del Monte, hotel nacido con firme vocación de ser una bellísima y siempre elegante mansión mediterránea. El hotel había abierto sus puertas en el verano de 1952. Su emplazamiento era perfecto, frente al mar, en ese lugar idílico de la Málaga portentosa, que es el Monte de Sancha.

Las 22 habitaciones del hotel (al principio fueron 10, el enorme éxito de la casa aconsejó una inmediata ampliación) eran simplemente perfectas. Elegantes y muy cómodas. Todas tenían cuarto de baño privado y teléfono, no habituales en aquella época. Ofrecía una biblioteca a sus huéspedes y un bello jardín para los soleados días del suave invierno malagueño. Sin olvidar una egregia cocina.

Como tantas cosas importantes de este mundo, fue una dama la que hizo posible este lugar maravilloso, en el que algunas de las personas más importantes de este planeta se sintieron más cómodas y felices que en su propia casa. La visión y la admirable capacidad empresarial de doña María Eugenia Gross Loring, siempre con el apoyo de su esposo, don Ignacio Benthem, hicieron milagros en aquella España aislada y paupérrima en tantos sentidos.

El encanto de aquel hotel singular empezó a atraer a Málaga a personajes muy importantes. Entre ellos, el marqués de Ivanrey, don Ricardo Soriano, el creador de la Marbella moderna. La famosísima actriz Rita Hayworth se alojó para descansar en aquel hotel del que le habían contado maravillas. O la infanta Cristina, hija de Don Alfonso XIII, asidua visitante del hotel, a cuya dueña le unían lazos de parentesco.

Han pasado muchos años desde entonces. La Casa del Monte permanece en nuestra memoria, como lo que fue: un milagro de inteligencia, sensibilidad, capacidad creadora, buen gusto, tutelado por unas personas excepcionales. Falleció esta admirable dama el 14 de enero del 2013. Tenía 99 años. Descanse en paz.

Texto original publicado en andalucia-unica.com — Mayo 2013

«El único paraíso que nadie ni nada podrá destruir.»

Rafael de la Fuente
María Eugenia Gross Loring
La última dama de la Málaga industrial

María Eugenia Gross Loring (1913–2013)

Hay vidas tan ricas que trascienden la propia y se proyectan en las de su entorno hasta convertirse en una pauta a seguir. Tal fue el caso de María Eugenia Gross Loring, o Chica, como la conocían sus amigos y familiares. No sólo vivió una larga vida, sino que imprimió en su familia una manera de ser y de hacer las cosas, preservando la memoria de las generaciones pasadas.

El 14 de enero de 2013 fallecía a los 99 años, llevándose consigo el entronque más sólido que aún unía a la ciudad de nuestros días con la Málaga esperanzadora de la revolución industrial. En Chica Gross Loring confluyan las principales familias de la Málaga del XIX: era bisnieta de Jorge Loring Oyarzábal y de Amalia Heredia Livermore.

Madre de seis hijos, en 1953 abrió al pie del Monte Sancha la Casa del Monte, uno de los primeros hoteles en la naciente capital de la Costa del Sol. De esa etapa recordaba una cena con una huésped muy especial: Rita Hayworth.

Decía ella: «Un amigo tiene que dar algo: simpatía, cariño, ayuda, apoyo... algo.» Descanse en paz esta mujer llena de vida, encanto y generosidad.

Artículo publicado en La Opinión de Málaga — 27 de enero de 2013